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Razones para creer.

Mensaje por Daisy Scott el Lun Abr 09, 2012 12:30 pm

Los baños del tren no eran lo más cómodo que existía, pero eran suficiente. Había dejado el compartimiento en el que estaba con sus amigos porque sus herídas ardían y definitivamente debía refrescarse. Niall se había ofrecido a ayudarla, pero luego de insistir mucho desitió ante las negaciones de la aún pequeña Daisy. Se miró al espejo para concentrarse en sus ojos. No podía encontrarse. No se veía a sí misma, Daisy Scott jamás tendría heridas de guerra; y ésta chica las tenía. Quizás su nombre era Riser, y era algo así como su alter ego… su leona interna. Después de todo era improbable que el sombrero seleccionador se haya confundido… ¿verdad? Era imposible estar segura. Aún así, no se arrepentía de nada.

El año que terminaba en Hogwarts había sido de lo más terrible. Todas las torturas, todas las muertes… por Merlín, ¡hasta ella sabía que una niña de trece años recién cumplidos no debía lidiar con aquel tipo de cosas! Pero lo había hecho, y en carne viva. Juntó un poco de agua entre sus manos y bajó su cabeza para refrescar un poco la lastimadura que aún seguía algo abierta sobre su ceja derecha. ¿Por qué razón había decidido luchar y poner su vida en peligro por algo que jamás le había gustado en lugar de refugiarse, como le habían mandado? Esa era otra pregunta que no podía responder bajo ninguna circunstancia.

Levantó las mangas de su túnica y camisa para inspeccionar sus brazos. Tenía cortes, pero estaban fuera de su vista gracias a unas vendas que aseguraban que no se infectara. Recordaba poco de la batalla y los momentos posteriores. No recordaba el dolor de las heridas en el momento que se las habían provocado, pero sí cuando las curaban. Un chico de cabello despeinado y ojos amables la había encontrado sentada en el gran salón sobre unos escombros, sangrando. Estaba cansada, recordaba eso muy bien, y sentía como si estuviera a punto de caer dormida. El chico la tomó en sus brazos y la llevó hacia otro asiento, donde pasó un algodón mojado con alguna sustancia de olor extraño sobre sus brazos, rodillas y frente. Con cada pasada, Daisy se sentía más y más cansada. Todo la había agotado, simplemente quería dormir. Recordaba haber visto a Harry Potter pasar frente a ella, sonreír y, luego de ser alzada nuevamente por el chico misterioso, caer rendida. Más tarde había despertado en una de las camillas de la enfermería medio destrozada para ser regañada por una mujer regordeta que vestía una túnica y gorro blancos.

Se miró una vez más al espejo. Tomó aire para llenar completamente sus pulmones y lo soltó después mientras cerraba sus ojos y apoyaba su mano en el picaporte de la puerta del baño. Abrió los ojos y comenzó a caminar por el pasillo mientras la misma pregunta daba vueltas en su cabeza, ‘¿Por qué arriesgaste tu vida?’.

Llegó a su compartimiento y al abrir la puerta del mismo entendió las razones. Lo había hecho por ellos, sus amigos, que reían como si nada hubiera pasado. Y definitivamente valía la pena arriesgar su vida por eso.
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Daisy Scott
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