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Eleanor Fairfax.

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Eleanor Fairfax.

Mensaje por Eleanor Fairfax el Lun Feb 06, 2012 8:35 pm

Nombre: Eleanor Antoinette Fairfax

Casa: Slytherin

Edad: 15 años.

Curso: Quinto año.

Estado social:

Varita: Importada. Avellano, 28 centímetros, pelo de veela como núcleo. Es una varita un poco temperamental, pero siempre fiel a su dueña. Parece ser una varita perfecta para encantamientos y siempre se inclinará por la estética antes que por la practicidad lamentablemente. Su color es crema y tiene grabado su nombre en letras muy elegantes en el mango.

Mascota: Un gatito negro llamado Nox. Pertenecía a su hermano, y cuando murió ella lo heredó.

Psicología: Eleanor es día por fuera y por dentro noche. Luz exterior y oscuridad interna.

Eleanor es… una Fairfax con todas las de la ley. Proveniente de una familia sangre pura es natural que esta chica sea orgullosa, creída y hasta egoísta.

Desde que tenía uso de razón fue criada para saber que era infinitamente superior a los sangre sucia y muggles, no obstante, todo aquello le parece absurdo. Si bien difícilmente entabla alguna platica con hijos de gente no mágica, en realidad todo eso la tiene secretamente sin cuidado, y si miras bien adentro, en el interior de su mirada azul, en el ligero brillo de sus pupilas, sabrás que en realidad siente una muy normal y sana curiosidad hacia la gente común y corriente de Londres. Siempre intentando ser perfecta… Jamás se permite un mínimo error. Es vanidosa de pies a cabeza. Se sabe hermosa, y siempre está cuidando su imagen más que nada. Le encanta comprar, siempre que puede se llena de ropa ya sea en el mundo mágico o en el Londres muggle, como toda chica adolescente de su edad.

Dramática a más no poder. Ella siente diez veces más las cosas de lo que la hace una persona normal. Rencorosa, si se la haces una vez jamás te perdonará. Caprichosa, sabe que se merece el mundo a sus pies y si no tiene lo que quiere, podrá hacerte todos los berrinches del mundo.
Aún con eso, es un sol andando. Su cabello rubio, sus ojos azules, su sonrisa adorable… el mundo la adora. Talentosa, sabe como usar sus encantos para conseguir lo que quiere…

Pero detrás de esa imagen de niña rica existe una chica insegura. Una chica que llora cada noche por la muerte de su madre y hermano mayor. Una chica que lo único que quiere es ser ignorada de vez en cuando. La chica que se corta para sentirse bien. Esa jovencita que se mira al espejo y se encuentra insatisfecha con su físico, aún cuando todos a su alrededor la vean y digan: Es hermosa. Ella jamás se verá así. Porque lo cierto, es que ella ya no se ve cuando se mira al espejo, literalmente hablando. Sólo distingue una vaga silueta aterradora, un fantasma del pasado que la persigue y se acentúa con cada año que pasa, como si no avanzara. Si se le mira detenidamente, es difícil entender la causa de su inseguridad, podemos ver una chica que lo tiene absolutamente todo lo que una jovencita podría desear. La razón de su inseguridad se puede explicar fácilmente al notar sus actitudes y manías con su imagen. Una chica de quince se arregla frente al espejo, se mira, observa los defectos y los corrige, es en todas las de la ley, una señorita, pero con Eleanor pasa que cuando mira su reflejo espera encontrarse con una señorita de piernas largas, redondeadas caderas, mirada seductora; pero no hace más que ver a una tipa que se quedó atrapada en esa incomoda etapa donde no se es ni mujer, ni niña. Su cuerpo, su imagen, parece suspendida en el tiempo.

Físico: Lo primero que te llamará la atención la primera vez que la vez es su brillante, lacia, y larga cabellera rubia; claro, lo normal si tomas en cuenta que viene de una familia adicta a la pureza de la sangre. Lo siguiente que verás son sus ojos azules, grandes, brillantes, enmarcados por espesas pestañas negras; lo malo de estos, es que son gélidos, inexpresivos y cuando no, pueden estar llenos del más grande repudio. Nariz pequeña, redondita, y respingada, interesantemente tiene el puentecillo que va de la nariz a los labios algo marcado, señal de que se enoja con mucha facilidad y frunce los labios, y hablando de labios, estos son delgados, rojizos, con tendencia a deshidratarse si no le da los cuidados necesarios, una de las cosas que tanto odia de su persona. Mejillas rellenas y sonrosadas, así como cejas bien definidas de forma bastante natural y rellenas. Aunque algo despeinadas, lo que le da un aspecto de estar algo… molesta.
Su piel es blanca, y muy sensible, y si no se anda con cuidado se le marcan las pecas. Ahora, el cuerpo. Lamentablemente es una chica de contextura frágil. Sus piernas, así como sus brazos son delgados, sus caderas no muy redondeadas, y se nota a simple vista que su busto no crecerá mucho, lo que le provoca muchos conflictos siendo que para su edad ya debiera verse más como una señorita que como una pre-puber. Esta falta de atributos físicos lo compensa con una altura bastante normal para su edad y con su inigualable sentido del gusto y moda. Siempre viste con las últimas tendencias del mundo mágico y muggle según sea la ocasión. Es conocida como una de las socialité del mundo mágico mejor vestidas.

Gustos: Adora la literatura, y además es uno de sus fuertes. A pesar de las creencias de su padre, lee la mayor parte del tiempo uno que otro autor muggle y siente un profundo respeto hacia su narrativa. Le encanta escuchar música, como toda adolescente tiene sus bandas preferidas aunque algunas sólo sean conocidas en el mundo mágico. Ama la moda, siente un amor incondicional hacía esta y no duda en gastar miles de galeones en una sola visita al callejón Diagon. Siente una predilección hacia las artes oscuras, pero la disimula argumentando que runas antiguas es mucho más interesante. Pociones está entre las materias que le agradan también.

Desagrados: No soporta historia de la magia, siente que se duerme en cada clase. Tiene un profundo desagrado por la adivinación, el cual tomó después de que predijeran su muerte prematura, pero vamos, que a todos le dicen aquello y no quiere decir que sea cierto. Se enfurece ante la mediocridad y la gente inferior. Con trabajo se relaciona con chicos que no tengan apellidos importantes en el mundo mágico, y le tiene asco al olor de la vainilla.

Familia:
Tarquin Fairfax {Abuelo} Su abuelo se encuentra encarcelado en Askaban, cumpliendo una condena después de secuestrar niños para sus retorcidos experimentos.
Mary Ann Fairfax {Madre} Fallecida. Era una reconocida defensora de los derechos de los muggles y los hijos de ellos con magia, murió enferma y postrada en cama, aunque Eleanor sospecha que fue asesinada.
Robert Fairfax {Padre} Miembro del Wizengamont. Es junto a su esposa una figura pública reconocida. En realidad es un ex mortifago que huyó cobardemente durante la batalla de Hogwarts y cubrió bien sus huellas.
Thomas Fairfax {Hermano mayor} Fallecido. Murió en su primer año durante la batalla.
Nacionalidad: Inglesa, aunque se sabe que los Fairfax tienen sus orígenes en Francia, las constantes batallas y con el pasar de los años, esta se estableció definitivamente en el imperio británico. Su hogar se encuentra ubicada en el campo, en una preciosa casa veraniega que oculta bajo un hechizo anti muggles, se esconde de miradas ajenas.

Vida: Eleanor nació y creció en una familia de sangre enteramente pura, segunda hija de un matrimonio ejemplar. El nombre Fairfax es antiguo y se sabe que tiene lazos, no sólo con familias británicas mágicas, sino con franceses y alguno que otro americano. Y todos por supuesto, pertenecientes a la casa de Slytherin. Se dice incluso que tienen lazos familiares con Ana Bolena, de la que también se decía, era una bruja. Aunque muchos magos aseguran que en realidad era una Squib.
De cualquier forma, la familia Fairfax se distinguió siempre por su fanatismo por la sangra pura. Para ellos no había nada más importante que la sangre enteramente mágica. Creían que los hijos de muggle habían robado la magia de alguna forma y estaban enteramente empeñados en descubrir como lo hacían.

Su abuelo, Tarquin Fairfax comenzó a secuestrar y experimentar con niños sangre sucia, tan pronto mostraban signos de poseer magia. Todo claro, bajo la ignorancia del resto de los integrantes de la familia para “protegerlos” porque sabía que nada de lo que hacía estaba bien. Y que infantil manera de plantearlo, pero así de simple es.
Tarquin entendía que sus acciones tendrían consecuencias graves para el resto de los Fairfax si se veían en algún momento involucrados. Así que decidió mantener sus pequeños experimentos en total secretismo.

Nunca secuestraba chicos cercanos a su propiedad. Normalmente hacía movimientos demasiado complicados y muy por debajo del agua para lograr poner sus manos sobre alguno de estos chicos. Tampoco instaló su laboratorio en su mansión, prefería rentar una propiedad muggle para tales fines. Y en resumidas cuentas, era un plan bastante de bueno de no ser por su pequeño error.

Uno de los niños logró escapar gracias al descuido del mago de dejar cerca vasos de cristal. Se sabe que los niños a corta edad tienen pequeños estallidos de magia que muchas veces los salvan de situaciones peligrosas. Bien, si Tarquin no hubiese dejado aquellos vasos en la misma habitación que aquel niño, estos no se hubieran roto gracias a la magia del pequeño, y el chico nunca hubiese podido cortar las cuerdas que ni siquiera se había molestado en atar con magia el viejo mago.

Aquel día, los aurores llegaron a la mansión Fairfax por el abuelo de Eleanor… aquella imagen y el delito de su padre quedó grabado siempre en la memoria de Mary Fairfax; madre de Eleanor.

Mary se volvió una fanática de las reglas a partir de aquel momento, y para limpiar el nombre de su familia, se dedicó a defender a los hijos de muggles. Aunque en el fondo sabía que los despreciaba. -Eleanor, debes saber que tus sentimientos siempre pasarán a segundo plano ¿Entiendes? Deberás dar un beso en la mejilla a tu enemigo aunque por dentro estés muriendo de ganas de pegarle un cruciatus- Su madre se había casado con uno de sus primos, sacrificando el amor que sentía por un mestizo sólo para mantener viva la línea Fairfax. Cosa que no era extraña dentro del mundo mágico por supuesto. Aunque para Eleanor, era obvio el desprecio que su madre sentía hacia su padre.
De pequeña, su única compañía era su hermano mayor, un año mayor que ella por lo que desde chicos se volvieron compañeros de juegos. La niña, independientemente de este echo, adoptó un inexplicable gusto por la danza. La pequeña solía imaginarse en un escenario bailando con la gracia de un cisne. Su padre la apoyó desde el primer momento, aunque su madre no estuvo muy de acuerdo con este hecho desde el principio. El primer estallido de magia de la pequeña fue cierta tarde mientras la niña bailaba en el jardín…

Sus brazos parecía dibujar formas en el aire y la niña reía. Era un verano seco; las flores no florecían, el calor era sofocante, pero la niña estaba bastante feliz. Persiguiendo Gnomos en el jardín canturreando para sí misma. Su nana pegó un gritito cuando salió a verla, a lo que la niña con miedo paró de bailar. Cuando miró a su alrededor, vio que el jardín amarillento en el que bailaba ahora estaba lleno de flores de distintos colores.

Cierto día, Mary Fairfax enfermó. Eleanor tenía seis años… y sabía que su madre moriría. No lloró, porque en realidad nunca entendió a aquella mujer. Sentía que era dura y malvada, y la veía más como una bruja fea que como la defensora de los “sangre sucia” por la que se había hecho pasar.

Meses fueron los que su madre se negó a ir a San Mungo e insistió quedarse en casa con el pretexto de que se pondría bien. Como Eleanor predijo, su madre murió, pero no de la manera que Elle imaginó. Mary, su hermano y ella estaban convencidos de que su madre tenía alguna enfermedad rara, contraída seguramente en alguno de sus viajes. Lo que no imaginaban era que poco a poco era envenenada por el señor Fairfax, su peor error fue no ir con el medimago de la familia ya que Mary estaba segura de que se pondría mejor. Lo único que pudo decirle antes de morir fue: Sé perfecta Eleanor, limpia el nombre Fairfax.

A partir de ese día, su padre se hizo cargo de ella y su hermano. Pero este, no era tampoco un ejemplo de persona. Siempre consentidor, intentaba consolar a sus hijos con regalos que los niños simplemente no necesitaban. Eleanor mientras tanto, se volvió callada y sombría. ¿Quería a su madre? ¿De verdad era la bruja malvada que ella creía? Todas aquellas preguntas sembraron una semillita de duda en el corazón de la chica. Ella era su madre, a pesar de no conocerla a fondo debía quererla. Debía sentir al menos un poco de cariño por esa mujer que la amamantó. Quizás si la quería… tal vez sólo temía que su madre no la quisiera a ella.

Cuando su hermano cumplió once, y ella diez, este recibió su esperada carta a Hogwarts, pero eran esos años oscuros, donde el temor al Lord Voldemort estaba más vivo que nunca. Su padre volvió a lado de los mortifagos, a expensa de su familiar; sus únicos dos hijos, que eran unos niños, no tenían ni idea de las actividades ilícitas de su padre. Era un hombre mucho más cuidadoso que el padre de Mary y sólo estaba del lado de Voldemort por mera supervivencia, y para mantener a sus dos hijos a salvo. De nada le sirvió. El año de Thomas fue un asco, con Snape dirigiendo el colegio se podía decir que la pasaba bastante mal, con todo y que era un Slytherin. Durante ese tiempo se mantuvo incomunicado con su hermana, aunque su relación ya era demasiado fría.
Lo triste llegó durante la batalla de Hogwarts, aunque los de primero fueron evacuados, algunos curiosos se quedaron, y entre ellos, estaba Thomas. Y por supuesto, fue de los desafortunados primeros en morir. Su padre se mantuvo siempre atrás, y cuando vio la oportunidad, escapó en lo más crudo de la batalla. Cobardemente no esperó ni siquiera a ver como terminaba el asunto, su único interés era despedirse de su hija e irse a Francia o África, estaba convencido de que las cosas saldrían mal. Algo le saldría mal. Cuando recibió noticias, supo que el niño que sobrevivió lo había echo de nuevo… con Voldemort muerto y algunos prófugos seguidores del señor oscuro sueltos, se refugió en su mansión. Junto a su pequeña. Supo que su hijo estaba muerto cuando después de 24 hrs y con el cadáver de su niño identificado lo citaron. Aquello fue un golpe aún más duro para la familia. Más para Eleanor, que no pudo hablarle en los últimos meses de su vida. Siempre se tuvo aquel sentimiento de culpabilidad en el corazón. Su padre fue mientras tanto, sospechoso de tener contacto y seguir al señor oscuro, fue juzgado, pero no pudieron comprarle nada gracias a sus contactos y la fuerte suma de dinero invertida en aquello.
Un año después, recibió su carta a Hogwarts. Su visita al callejón Diagon pasó sin pena ni gloria, le significó una visita como cualquier otra. La vida ya no tenía sabor para la pobre niña. Y así, el día esperado llegó. Eleanor subió con el corazón latiendo el expreso a Hogwarts. Esperaba estar sola en algún compartimiento pero lamentablemente, le tocó junto a unos chiquillos bastante escandalosos para ella.

-¿A qué casa te gustaría ir?- Preguntó uno. –Creo que a… Slytherin. Ahí ah estado toda mi familia- dijo la niña rubia mientras acariciaba a su minino sobre su regazo. –Slytherin es de donde vienen todos los magos oscuros- se burló uno –si fuera ahí te juro que me voy de Hogwarts- se burló otro. La chica enfadada les miró con seriedad –creo que Slytherin es una gran casa. Pero supongo que lo mismo diría si tuviese que ir a Hufflepuff…- dijo con desprecio. -… pero les diré. Nada me daría más asco que terminar con los Gryffindor- dijo viendo que había tocado una fibra sensible en cada uno de ellos.

Al parecer ellos también tenían tradición familiar en aquellas casas. Así que nadie más dijo nada durante el resto del viaje. Su hermano había estado en Slytherin, y para ella él no había sido un mago oscuro, pese a los comentarios de los niños.

Y así Eleanor había dejado claro que no era una chica amistosa.

El momento de la verdad llegó cuando le tocó el turno de probarse el sombrero seleccionador. Cuando se lo colocaron en la cabeza comenzó la cansada charla. –Tienes que ir a Ravenclaw….- insistía el sombrero. –No- volvía a decir la rubia. –Iré a Slytherin, de ahí es mi familia, y no pienso ser la primera Fairfax en romper la tradición sombrero sucio- susurró la niña con convicción. De alguna manera, la chica terminó ganando la silenciosa batalla y consiguió ir a la casa de las serpientes. Con orgullo y mirando con desprecio a los chicos que se habían burlado de ella en el tren, se fue a su mesa entre vítores y aplausos.

Desde el primer año se convirtió en la abeja reina entre las niñas de su grado escolar. Después de todo, Eleanor era perfecta. Cabello hermoso, ojos preciosos, inteligencia que echaba al bote el dicho de que las rubias eran tontas. Siempre rodeándose de amigas que la seguían de forma incondicional, imitándola hasta en la forma de hablar y caminar.
Su materia favorita fue pociones desde el principio, además de defensa contra las artes oscuras. Aunque encontraba poco estimulante esta última.

La materia que en cambio siempre le dio problemas fue historia de la magia. Hasta la fecha suele intentar no dormirse en clase. Y es que, aunque admira y adora a la directora, no puede simplemente aprenderse tantas fechas y nombres. Le parece simplemente imposible y totalmente innecesario. Aún después de todo, sigue esforzándose por salir bien en aquella clase.

Extras:
En vacaciones asiste a clase danza en un pequeño estudio en Londres, esto, a expensas de su padre.


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Re: Eleanor Fairfax.

Mensaje por Nick Casi Decapitado el Sáb Feb 11, 2012 9:47 pm

FICHA ACEPTADA


Bienvenido(a) a Lumus Maxima, recuerda revisar en que época del año estamos al igual que los anuncios cada tanto. No podrás postear hasta que veas que tienes la etiqueta que te corresponde. Cualquier duda, ya lo sabes: Mensaje privado o la sección correspondiente.

Diviertete.

La Administración.


Señorita Fairfax es todo un honor tenerla de vuelta en Hogwarts, recuerde que las clases aun no an iniciado, así que disfrute lo que le queda de vacaciones.

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